sábado, 20 de abril de 2019

Berenice tiene cojones I




Berenice tiene cojones

Ella,  la mujer con cojones, murió de un infarto fulminante. No descansó a disfrutar su primer orgasmo con plenitud, cuando sintió un fuerte dolor en su brazo izquierdo. su amante vio sus ojos abrirse amplios y mirarla fijamente como juzgando por aquel supuesto pecado. Murió sola porque aunque compartió la agonía de su muerte con esa hembra, aquella abandonó su cuerpo inservible para un segundo polvo. como buena deportista berenice falleció teniendo sexo salvaje.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Los ojos de Ella



Tenia 16 años cuando la casaron con mariano, a esa misma edad tuvo su primer hijo llamado Jose y a los 18 ya tenia tres criaturas colgando de sus senos.

Samia era indigena, hoy es aborigen, vive en la ciudad y su esposo tambien kogui, trabaja para una importante cadena de hoteles que necesitaba el rostro de un lugareño en su recepcion.
Samia usa tenis y Jean, sus hijos hablan y escriben perfectamente el español. A ella por el contrario su esposo le tiene prohibido inclurse en esa sociedad, trabajar como esclava para los ricos y aprender a relacionarse con la gente del monton.
Si Samia ha sido obligada a migrar a la ciudad aceptando una cultura ajena. Tambien deberia hacer uso de su derecho de inclusion social y aprender a defenderse de quienes la incitan a usar unos Tenia Nike.

miércoles, 7 de febrero de 2018

En el pais de alicia



En el pais sin ley
Esta prohibido soñar
Se rie una vez al dia luego del almuerzo, si es que hay
Si no, puedes fingir la sonrisa antes de dormir
y si las estrellas te acompañan
reza para algun dia llegar a soñar

miércoles, 31 de enero de 2018

El sueño de la reja







Hicimos el amor dos veces con la misma pasión. Quizás producto del coctel de drogas. Debía llegar a mi casa antes del amanecer, mi marido no podía enterarse que yo no había dormido en la casa, él llegaría las 8 am luego del turno nocturno en el puerto de la ciudad. Me visto en silencio buscando no despertarla.  Ella yacía desmayada en la colchoneta que habíamos tirado en la terraza. Le di un beso en la frente y hui. Camine por la cocina sin despertar la pareja que dormía en la sala. Al salir al balcón me pongo las zapatillas y abro la reja de salida.
Recordé esos pompones hippies de colores que la adornaban, recordé también la escalera vertiginosa y mal construida, recordé el perro sarnoso que dormía en el piso de la vecina haciendo guardia a la casa, recordé la calle sin asfaltar, recordé que alguna vez lo soñé. Lo que me invadió de un sentimiento inexplicable, algo como miedo, sentí que la muerte estaba a mis espaldas.
Entenderlo se me hizo imposible pues las imágenes y las acciones no existían dentro de lo que mis pensamientos pudieran crear, no existía una palabra por la que mi mente pudiera llegar a comprender el acontecimiento. Las realidades individuales han sido conducidas a través del lenguaje. De la manera que logro llevar a cabo los pensamientos ha sido solamente por la palabra, una serie de signos repetidos y asignados a situaciones repetitivas.  Solo podría contemplar frente a mí un millón de palabras repetidas y sin coherencia, al parecer.

Recuerdo en cuarto grado la clase de castellano donde estudiábamos el diccionario de la real academia española y yo me preguntaba, si existiera una palabra que representara un sentimiento escondido y que esta palabra aun no haya sido descubierta por el hombre español, y si esa expresión existiera quizá en otro lenguaje, quienes hicieran parte de esa cultura serian bendecidos con el don de esa palabra. Allí empecé a cuestionar la real academia española, que decide lo que es real o no en las identidades individuales de las culturas que fueron barridas por el colonialismo. Hoy mi marido sigue llegando a las 8 am y yo a las 5am. Aun sin entenderlo y sin entenderme actuamos cada uno en lo que la consciencia nos alcanza.

domingo, 21 de enero de 2018

Más de doscientas libertades


Revista 27 - Argentina
ADICCIONES#14 · Más de doscientas libertades



De mi primera madre no tengo mucho sabido, solo el hecho de que no era puta y si hubiera sido puta también sería una gran mujer, pues seguiría siendo ella por encima de lo que le tocara ser. Mi madre fue negra y como toda negra en América nació esclava, por ende no pude tener yo, aunque quisiera, noción de la libertad más que la de alzar el codo y fermentar mi garganta con el equivalente a la tercera parte de mi salario.
En Rebolo no se respira aire, este pueblo solo guarda permisos para los vestidos, nosotros los desnudos solo podemos respirar el olor a sangre que nuestros cuerpos exhalan. Los nobles dicen en voz alta que se ha abolido la esclavitud. ¡Mentira! Lo único que nos quitaron fue la cercanía con sus mujeres. Las libertades las posees las camas de las mejores hembras. Si tienes algún rasgo español, indicio de que tu madre fue violada o puta, puedes acceder a su ostia, blanca y tersa. Para mi desgracia además de negro tuve una madre digna. Por eso es que estoy casado con esa india.
Sirvienta como todas las indias que vienen a la ciudad, a esta le toco una familia francesa quienes la llevaron a Europa y la devolvieron cuando quedo embarazada y abortada de su patrón. Cuando encontré a tu madre, vestía de esas ropas opulentas de las Europas, por eso me acerque convencido que ella sería la cura de mi pobreza. ¿Dónde? La india acababa de llegar de Francia agarrotada por aquel hombre y yo estaba recogiendo ahora un costal roto de sus miserias.

Pero para algo me ha servido esta mujer, te lo voy a decir. Es que hoy a mis noventa y cuatro años, acostado en esta cama de trapo y resortes oxidados, puedo cerrar los ojos tranquilo, seguro de que mi cuerpo no será quemado junto al de todo los negro que mueren solos por estas fechas.
La verdad no me sentía tan mal, la verdad yo podía pararme, caminar y trabajar pero la verdad es que ella hacia todo mejor que yo. No estaba borracho en el momento que llegaron los paracos, pero ella enfrentaba mejor a los hombres. Sin importar el uniforme que llevaran les contestó con todo el carácter que el asunto merecía. Aunque simplemente les dijo que no tenía dinero, lo hizo con arrogancia y sinceridad, dos atributos de las personas peligrosas.
No tengo ni un peso, les dijo. Los paracos tenían el dinero de todas las familias del pueblo que pagaban sus impuestos aunque dejaran de comer. ¿Porque era necesario matar a Sonia por un peso más? No la mataron por el dinero, la mataron por sus cojones. No sé qué fuiste a hacer tú si ya sabias que esos animales no tienen que ver con nadie. Cuando te vi tirado en el suelo casi encima de tu madre que estaba igual, sin sus manos y con una marca de sangre en el cuello, mi alma se desvaneció en seguida, este viejo ahí murió. Y mientras mi cuerpo pueda cumplir esa promesa, yo que puedo conservar mis manos y mi garganta por lo que me queda de vida hare de ellas un candelabro, igual que lo hice con ustedes.

Ciento sesenta años, ya son ciento sesenta pedazos de carne podridos, las venas vaciadas del ron. Estas piernas se ven más negras incluso parecen moradas. Soy yo cada vez más, cada vez soy un negro más, gracias al ron cada día soy más yo. Y cada día es un paso más a tu encuentro. La pudrición me llega desde la punta del dedo gordo hasta los tobillos que aun guardan las marcas de las cadenas. El pie izquierdo se ve un poco menos peor que el derecho. Aún camino pues necesito llegar de la cama a la tienda de la esquina por una cerveza fría para matar el triste calor del día y de todos los días que han transcurrido desde que vi la primera luz del mundo. Ese lunes el dueño de la cantina me culpa del charco de sangre que inundaba el negocio. El viejo que solía sentarse solo en la última mesa con una botella de cerveza y un sombrero grande que me tapaba media cara y confundía la tristeza con amargura, al fin se estaba muriendo. Unos tres borrachitos que no entendían nada lograron llevarme hasta el puesto de salud del que me trasladaron a la capital.
Nunca aprendí a usar las prótesis, desde que me cortaron las piernas no he tomado ni un trago de ron, el cantinero no es capaz de traerme la botella a mi casa, aunque le pague. Hoy es un día especial y necesito tomar, porque hoy hace ciento treinta y seis años murió Sonia y Rafael. En tanto tiempo nada ha cambiado el sabor del café. Las caras familiares de los retratos viejos de madera junto al espejo de la sala siguen siendo triste y el hambre a las tres de la tarde sigue siendo la misma. También siguen estando las culpas de las propias miserias y el presidente de la república ha sido el mismo hombre desde que el tiempo tiene memoria. 
Probé todo lo líquido que había en la casa. Encontré un frasco de perfume que tu usabas los sábados para ir a la misa. Fue el trago de alcohol muy fino y preciso para conmemorar esta fecha. Sonia, hoy en día no existen los paramilitares, nadie entraría a tu casa a matarte. Un viejo de doscientos treinta años y sin piernas no puede suicidarse solo. Hoy en día nadie es capaz de entrar a tu casa a hacerte un favor.
A esta hora ya es seguro que vas a morir, arrástrate hasta la calle. Cruza tu propia puerta y siéntate a esperar la moto guardián. Haz como Sonia, niégale que posees dos pesos en el bolsillo. Porque las balas en Rebolo son gratis. Al amanecer tu cuerpo ya no estará, el carro que limpia las calles por la noche lo barrerá. Solo se va a notar un pequeño rastro de sangre en el piso de la entrada, como todas las entradas de todas las casas. Pero se borrará a los tres días cuando lleguen a ocuparla los mineros desplazados que están migrando ahora a las calles del pueblo viejo. (caravana de personas dejando rastros de sangre)

martes, 24 de octubre de 2017

MUERTA PERO LIBRE IV.Autorretrato de un femicidio progreivo

MUERTA PERO LIBRE
AUTORETRATO DE UN FEMICIDIO PROGRESIVO



Parte IV


Un día llega la visita esperada de mis padres quienes no gustaban de Willy, no les parecía un tipo confiable, por eso se fue a vivir esos días a otro lugar. Desde el primer momento en que mis papas llegaron empezó la pelea, pues yo no quería aceptar que estaba cometiendo el error más grande de mi vida viviendo con ese hombre, el orgullo era más fuerte que yo. Aun así acepte mudarme a una habitación sola en un barrio menos popular.

A los dos días de repente ya no me dieron ganas de volver a estar con Willy, me empezó a gustar vivir sola y masturbarme en la mañana. Comencé a hablar de nuevo por video chat con “mi amor”, quien hace varios años había abandonado por mi búsqueda espiritual buscando la cura para un cáncer. Quedamos en vernos de nuevo y empezar nuestra vida juntos, olvidarnos de todo el pasado y ser felices de una vez por todas. Entonces llame a William y le dije que no volviera más, que así estábamos mejor. Él raramente no se negó, solo me pidió vernos para entregarme algunas cosas, por lo que lo invité a pasar por una esquina cerca de la habitación que alquile con mis padres, escabullándose como bien sabía hacerlo entro a mi casa quedándose varios días más. Esos días que estuvo quedándose escondido en la habitación se comportó como el hombre más tierno del mundo, me hacia el desayuno por la mañana y hasta rogaba que lo dejara hacerme sexo oral por horas. A las dos semanas se fue prometiendo no volver. Empecé entonces de nuevo mi vida tranquila, sola y de masturbación por las mañanas.

Días después escucho a alguien tocar la puerta, me asomo y no encuentro a nadie. A los 2 minutos se escucha de nuevo que tocan la puerta, abro y ahí estaba Willy quien no pidió permiso para entrar si no que bruscamente se abrió paso en la habitación, preguntando quien más estaba conmigo. Desde ese momento supe que algo grande se venía encima.

Trajo algunos regalos para justificar su llegada, entre ellos una libra de marihuana orgánica y una planta de ortiga. Trate de hablarle cualquier tema banal, pero el traía a conversación el tema de otros hombres, me descuide solo un momento y tomó mi teléfono para enterarse de mis conversaciones. En esas lee la conversación completa con “mi amor”, no comenta nada al respecto y trata de escapar de la situación proponiendo ver una película, yo acepté esperando ya lo que sería otro intento de ahorcarme. La película escogida fue “diario de motocicleta” del che Guevara. Cuando inicia la película y se escucha el acento argentino, yo inconscientemente sonrío recordando el acento de “mi amor”, William ya no soportaba más la ira por lo leído en el celular y entonces empieza a hacerme reclamos a los cuales contesté irónicamente. La rabia empezó a apoderarse de él, progresivamente sus insultos se convirtieron en golpes en la cara, sus manos bajaron de mis mejillas a mi cuello presionando e impidiendo la respiración. Conteste agarrándolo fuertemente del cabello y estrellándolo contra unos recipientes de vidrio que se encontraban sobre un banco junto a mi cama, allí cayó al piso. Se paró rápidamente, agarro las ortigas y me azoto repetidas veces con aquella planta al tiempo que me preguntaba si aún lo amaba, a lo que yo respondía – no – entonces el siguió azotándome esta vez con un cinturón, me golpeó la espalda tan fuerte que no pude gritar, no recuerdo haber sentido alguna vez un dolor comparable con aquel. Aun así creí que esta vez era mi turno de terminar con ese circo. Me levante de la cama y trate de agarrar el cinturón con las manos mientras lo lanzaba hacia mí. Por la fuerza con que lo lanzo no pude detenerlo totalmente y el cinturón se enredó con esa misma velocidad en mi rostro golpeando duramente mi ojo derecho. Pensé que había perdido esa batalla por lo que me acosté en la cama a llorar. Él se acostó a un lado y me pidió perdón por lo sucedido culpándome de sus salidas de quicio, supuse ceder esta vez esperando una oportunidad para acabarlo todo.

Al día siguiente William se despertó temprano, registro todo mi cuarto buscando rastros de algún hombre, escondió mis documentos en su bolso y me despertaba cada media hora para que viera su cara de enojo. Finalmente desperté, me pidió que llamara a la persona con quien estaba empezando a salir para mandarlo a la mierda, a lo que me negué rotundamente. Empezaron así otra vez los insultos, seguidos de manos largas y ahorcadas. Llena de ira me pare de la cama y le hable fuerte exigiendo que se retirara inmediatamente de mi cuarto, él agarro en ese momento un cuchillo y lo puso sobre mi cara, exigiéndome nuevamente que llamara a “mi amor”, a lo que me negué apenas pudiendo hablar. Empezó a bajar pues el cuchillo y lo presiono fuertemente sobre mi útero, sabía lo del cáncer y sabía también que así no me negaría. Llame en el acto a esa persona y le pedí que no me llamara más, enseguida William bajo la guardia y comenzó a llorar pidiendo razones de mi supuesta infidelidad. Supe desde que agarro el cuchillo, que debía pensar con frialdad cada movimiento a efectuar si es que quería salir viva de ese lugar.

De repente ese hombre se abalanzó hacia mí poniendo sobre mi útero el cuchillo y apuntándolo hacia él, se lanzó repetidas veces sobre mi cuerpo intentando suicidarse encima de mí, queriendo dejarme la culpa de su muerte. Lo engañe diciendo que lo amaba, como un niño se creyó el cuento de que seriamos felices de nuevo. Soltó el cuchillo y me abrazó, le dije que me casaría con él, que seriamos felices y que olvidaríamos todo lo sucedido. Allí bajo la guardia, hablamos entonces de otras cosas y me empezó a besar. Creo que hubiera preferido comer mi propio excremento, pero si no tenía sexo con él, el cuchillo volvería a sus manos. Así pasaron dos días, actuando cada segundo como una obra de teatro, haciéndole creer a aquel loco que lo amaba. Constantemente mandaba mensajes a “mi amor” diciendo que nos veríamos pronto, que al otro día escaparía hacia el aeropuerto y tomaría un avión lejos de esa ciudad, lejos de ese país. Sabía que William me seguiría al fin del mundo hasta encontrarme.

El día tan esperado llegó. Esa mañana desperté con un dolor muy fuerte en el ojo producto del golpe con aquel cinturón, me puse un parche improvisado en el ojo. Realizaba cada movimiento minuciosamente esperando no ser descubierta, así guarde en mi mochila algunas joyas de valor y el documento que él me había robado para evitar mi escape.

Estuve debajo de la ducha por una hora pensando en todo y a la vez en nada. La sensación de adrenalina que corría por mi cuerpo aquel día era indescriptible, cualquier paso en falso era una muerte inminente. Salí del baño y me coloque la ropa más importante, era pues un vestido negro tradicional de la india bordado a mano que mi hermana había traído en uno de sus viajes. Lista para la huida espere el momento exacto en que William me dejaría sola confiando en que mi amor incondicional por él le perdonaría todas sus faltas. Salimos entones al supermercado por una cerveza, pero cuando llegamos nos dimos cuenta que se había quedado el dinero en la casa, él se ofreció inmediatamente a buscarlo. Cuando cruzó la acera a dos cuadras, corrí a toda velocidad hacia en sentido contrario. Las rodillas me temblaban, apenas podía sentir mi pulso, sudaba frio y lagrimeaba. Corrí diez cuadras hasta llegar a un lugar “seguro” entonces seguí caminando rápido, debía llegar al aeropuerto internacional. Mientras huía me repetía todo el tiempo la frase “me encontraran muerta pero libre”. Así a medio respirar llegue al aeropuerto internacional “El Dorado”, le hable a quién sería mi compañero pidiéndole que comprara un boleto de avión a mi nombre. La transacción tuvo problemas, entre en pánico, solo tenía diez dólares en mi bolsillo y un asesino buscándome por toda la ciudad. No podía regresar a casa de mis padres en Cartagena pues ellos debían estar protegidos y alejados de todo esto. William conocía mis amigos en Bogotá y a quiénes yo acudiría en busca de ayuda, debía hacer todo lo que Wendy Colpas no haría. Pasé tres noches en ese aeropuerto, con el mismo atuendo musulmán y a medio comer, la policía rondaba cada dos horas cerca de mi silla requisando mi bolso y pregúntame de donde venía y para donde iba. Después de dos noches y tres días conseguí por fin realizar la transacción y salir de esa ciudad.

Mientras cruzaba la franja de seguridad hacia el avión, sentí en mi cuerpo la sensación entera de ser una persona libre y segura. Mi experiencia con la muerte no fue algo paranormal como una caminata hacia el túnel, mi experiencia con la muerte fue la de sentir muerta mi libertad.


MUERTA PERO LIBRE III.Autorretrato de un femicidio progresivo

MUERTA PERO LIBRE
AUTORETRATO DE UN FEMICIDIO PROGRESIVO

Parte III


Luego de vivir con William un mes en la selva nos mudamos a Bogotá, allí vivimos cuatro meses aproximadamente. Una noche en la casa de una amiga en San Luis, donde solíamos reunirnos a tocar música, cocinar pizza y ver películas de cine arte; cada uno empezó a contar sus secretos sexuales. Yo confesé que una vez tuve una experiencia sexual con una mujer, mi amiga confesó que era bisexual y él confeso que le gustaban los penes, que hacía varios años mantuvo relaciones con varios hombres. Contó que ambos tenían sus parejas mujeres pero les gustaba reunirse a solas y tener aventuras sexuales.


Unos días antes de la última pelea me pidió que le introdujera mi dedo índice por el ano con un poco de sábila para lubricar. A mí en particular me excitó el hecho de romperle el orto y supongo que a él le excitó mucho más. No era el primer hombre que me lo pedía, por lo que supongo que a todo hombre le podría excitar, solo hace falta una predisposición. También recuerdo ver una especie de deseo en su mirada cuando veía fijamente a algunos hombres, debo confesar que de alguna forma extraña eso me excitaba a mí también. Por estas y otras razones concluyo que mi agresor era machista y bisexual, una situación bastante compleja. Aun así nunca me alarme por sus comportamientos sexuales, nunca tuve prejuicios hacia quienes afloran sus preferencias, por el contrario juzgo a quienes ocultan sus demonios. Uno de los míos y el que más tengo presente es al que le gusta que lo violenten en el sexo, por eso aguante sus insultos porque tenía un pene enorme con el que me podía azotar, aún la recuerdo.