miércoles, 7 de febrero de 2018

En el pais de alicia



En el pais sin ley
Esta prohibido soñar
Se rie una vez al dia luego del almuerzo, si es que hay
Si no, puedes fingir la sonrisa antes de dormir
y si las estrellas te acompañan
reza para algun dia llegar a soñar

miércoles, 31 de enero de 2018

El sueño de la reja







Hicimos el amor dos veces con la misma pasión. Quizás producto del coctel de drogas. Debía llegar a mi casa antes del amanecer, mi marido no podía enterarse que yo no había dormido en la casa, él llegaría las 8 am luego del turno nocturno en el puerto de la ciudad. Me visto en silencio buscando no despertarla.  Ella yacía desmayada en la colchoneta que habíamos tirado en la terraza. Le di un beso en la frente y hui. Camine por la cocina sin despertar la pareja que dormía en la sala. Al salir al balcón me pongo las zapatillas y abro la reja de salida.
Recordé esos pompones hippies de colores que la adornaban, recordé también la escalera vertiginosa y mal construida, recordé el perro sarnoso que dormía en el piso de la vecina haciendo guardia a la casa, recordé la calle sin asfaltar, recordé que alguna vez lo soñé. Lo que me invadió de un sentimiento inexplicable, algo como miedo, sentí que la muerte estaba a mis espaldas.
Entenderlo se me hizo imposible pues las imágenes y las acciones no existían dentro de lo que mis pensamientos pudieran crear, no existía una palabra por la que mi mente pudiera llegar a comprender el acontecimiento. Las realidades individuales han sido conducidas a través del lenguaje. De la manera que logro llevar a cabo los pensamientos ha sido solamente por la palabra, una serie de signos repetidos y asignados a situaciones repetitivas.  Solo podría contemplar frente a mí un millón de palabras repetidas y sin coherencia, al parecer.

Recuerdo en cuarto grado la clase de castellano donde estudiábamos el diccionario de la real academia española y yo me preguntaba, si existiera una palabra que representara un sentimiento escondido y que esta palabra aun no haya sido descubierta por el hombre español, y si esa expresión existiera quizá en otro lenguaje, quienes hicieran parte de esa cultura serian bendecidos con el don de esa palabra. Allí empecé a cuestionar la real academia española, que decide lo que es real o no en las identidades individuales de las culturas que fueron barridas por el colonialismo. Hoy mi marido sigue llegando a las 8 am y yo a las 5am. Aun sin entenderlo y sin entenderme actuamos cada uno en lo que la consciencia nos alcanza.

domingo, 21 de enero de 2018

Más de doscientas libertades


Revista 27 - Argentina
ADICCIONES#14 · Más de doscientas libertades



De mi primera madre no tengo mucho sabido, solo el hecho de que no era puta y si hubiera sido puta también sería una gran mujer, pues seguiría siendo ella por encima de lo que le tocara ser. Mi madre fue negra y como toda negra en América nació esclava, por ende no pude tener yo, aunque quisiera, noción de la libertad más que la de alzar el codo y fermentar mi garganta con el equivalente a la tercera parte de mi salario.
En Rebolo no se respira aire, este pueblo solo guarda permisos para los vestidos, nosotros los desnudos solo podemos respirar el olor a sangre que nuestros cuerpos exhalan. Los nobles dicen en voz alta que se ha abolido la esclavitud. ¡Mentira! Lo único que nos quitaron fue la cercanía con sus mujeres. Las libertades las posees las camas de las mejores hembras. Si tienes algún rasgo español, indicio de que tu madre fue violada o puta, puedes acceder a su ostia, blanca y tersa. Para mi desgracia además de negro tuve una madre digna. Por eso es que estoy casado con esa india.
Sirvienta como todas las indias que vienen a la ciudad, a esta le toco una familia francesa quienes la llevaron a Europa y la devolvieron cuando quedo embarazada y abortada de su patrón. Cuando encontré a tu madre, vestía de esas ropas opulentas de las Europas, por eso me acerque convencido que ella sería la cura de mi pobreza. ¿Dónde? La india acababa de llegar de Francia agarrotada por aquel hombre y yo estaba recogiendo ahora un costal roto de sus miserias.

Pero para algo me ha servido esta mujer, te lo voy a decir. Es que hoy a mis noventa y cuatro años, acostado en esta cama de trapo y resortes oxidados, puedo cerrar los ojos tranquilo, seguro de que mi cuerpo no será quemado junto al de todo los negro que mueren solos por estas fechas.
La verdad no me sentía tan mal, la verdad yo podía pararme, caminar y trabajar pero la verdad es que ella hacia todo mejor que yo. No estaba borracho en el momento que llegaron los paracos, pero ella enfrentaba mejor a los hombres. Sin importar el uniforme que llevaran les contestó con todo el carácter que el asunto merecía. Aunque simplemente les dijo que no tenía dinero, lo hizo con arrogancia y sinceridad, dos atributos de las personas peligrosas.
No tengo ni un peso, les dijo. Los paracos tenían el dinero de todas las familias del pueblo que pagaban sus impuestos aunque dejaran de comer. ¿Porque era necesario matar a Sonia por un peso más? No la mataron por el dinero, la mataron por sus cojones. No sé qué fuiste a hacer tú si ya sabias que esos animales no tienen que ver con nadie. Cuando te vi tirado en el suelo casi encima de tu madre que estaba igual, sin sus manos y con una marca de sangre en el cuello, mi alma se desvaneció en seguida, este viejo ahí murió. Y mientras mi cuerpo pueda cumplir esa promesa, yo que puedo conservar mis manos y mi garganta por lo que me queda de vida hare de ellas un candelabro, igual que lo hice con ustedes.

Ciento sesenta años, ya son ciento sesenta pedazos de carne podridos, las venas vaciadas del ron. Estas piernas se ven más negras incluso parecen moradas. Soy yo cada vez más, cada vez soy un negro más, gracias al ron cada día soy más yo. Y cada día es un paso más a tu encuentro. La pudrición me llega desde la punta del dedo gordo hasta los tobillos que aun guardan las marcas de las cadenas. El pie izquierdo se ve un poco menos peor que el derecho. Aún camino pues necesito llegar de la cama a la tienda de la esquina por una cerveza fría para matar el triste calor del día y de todos los días que han transcurrido desde que vi la primera luz del mundo. Ese lunes el dueño de la cantina me culpa del charco de sangre que inundaba el negocio. El viejo que solía sentarse solo en la última mesa con una botella de cerveza y un sombrero grande que me tapaba media cara y confundía la tristeza con amargura, al fin se estaba muriendo. Unos tres borrachitos que no entendían nada lograron llevarme hasta el puesto de salud del que me trasladaron a la capital.
Nunca aprendí a usar las prótesis, desde que me cortaron las piernas no he tomado ni un trago de ron, el cantinero no es capaz de traerme la botella a mi casa, aunque le pague. Hoy es un día especial y necesito tomar, porque hoy hace ciento treinta y seis años murió Sonia y Rafael. En tanto tiempo nada ha cambiado el sabor del café. Las caras familiares de los retratos viejos de madera junto al espejo de la sala siguen siendo triste y el hambre a las tres de la tarde sigue siendo la misma. También siguen estando las culpas de las propias miserias y el presidente de la república ha sido el mismo hombre desde que el tiempo tiene memoria. 
Probé todo lo líquido que había en la casa. Encontré un frasco de perfume que tu usabas los sábados para ir a la misa. Fue el trago de alcohol muy fino y preciso para conmemorar esta fecha. Sonia, hoy en día no existen los paramilitares, nadie entraría a tu casa a matarte. Un viejo de doscientos treinta años y sin piernas no puede suicidarse solo. Hoy en día nadie es capaz de entrar a tu casa a hacerte un favor.
A esta hora ya es seguro que vas a morir, arrástrate hasta la calle. Cruza tu propia puerta y siéntate a esperar la moto guardián. Haz como Sonia, niégale que posees dos pesos en el bolsillo. Porque las balas en Rebolo son gratis. Al amanecer tu cuerpo ya no estará, el carro que limpia las calles por la noche lo barrerá. Solo se va a notar un pequeño rastro de sangre en el piso de la entrada, como todas las entradas de todas las casas. Pero se borrará a los tres días cuando lleguen a ocuparla los mineros desplazados que están migrando ahora a las calles del pueblo viejo. (caravana de personas dejando rastros de sangre)

martes, 24 de octubre de 2017

MUERTA PERO LIBRE IV.Autorretrato de un femicidio progreivo

MUERTA PERO LIBRE
AUTORETRATO DE UN FEMICIDIO PROGRESIVO



Parte IV


Un día llega la visita esperada de mis padres quienes no gustaban de Willy, no les parecía un tipo confiable, por eso se fue a vivir esos días a otro lugar. Desde el primer momento en que mis papas llegaron empezó la pelea, pues yo no quería aceptar que estaba cometiendo el error más grande de mi vida viviendo con ese hombre, el orgullo era más fuerte que yo. Aun así acepte mudarme a una habitación sola en un barrio menos popular.

A los dos días de repente ya no me dieron ganas de volver a estar con Willy, me empezó a gustar vivir sola y masturbarme en la mañana. Comencé a hablar de nuevo por video chat con “mi amor”, quien hace varios años había abandonado por mi búsqueda espiritual buscando la cura para un cáncer. Quedamos en vernos de nuevo y empezar nuestra vida juntos, olvidarnos de todo el pasado y ser felices de una vez por todas. Entonces llame a William y le dije que no volviera más, que así estábamos mejor. Él raramente no se negó, solo me pidió vernos para entregarme algunas cosas, por lo que lo invité a pasar por una esquina cerca de la habitación que alquile con mis padres, escabullándose como bien sabía hacerlo entro a mi casa quedándose varios días más. Esos días que estuvo quedándose escondido en la habitación se comportó como el hombre más tierno del mundo, me hacia el desayuno por la mañana y hasta rogaba que lo dejara hacerme sexo oral por horas. A las dos semanas se fue prometiendo no volver. Empecé entonces de nuevo mi vida tranquila, sola y de masturbación por las mañanas.

Días después escucho a alguien tocar la puerta, me asomo y no encuentro a nadie. A los 2 minutos se escucha de nuevo que tocan la puerta, abro y ahí estaba Willy quien no pidió permiso para entrar si no que bruscamente se abrió paso en la habitación, preguntando quien más estaba conmigo. Desde ese momento supe que algo grande se venía encima.

Trajo algunos regalos para justificar su llegada, entre ellos una libra de marihuana orgánica y una planta de ortiga. Trate de hablarle cualquier tema banal, pero el traía a conversación el tema de otros hombres, me descuide solo un momento y tomó mi teléfono para enterarse de mis conversaciones. En esas lee la conversación completa con “mi amor”, no comenta nada al respecto y trata de escapar de la situación proponiendo ver una película, yo acepté esperando ya lo que sería otro intento de ahorcarme. La película escogida fue “diario de motocicleta” del che Guevara. Cuando inicia la película y se escucha el acento argentino, yo inconscientemente sonrío recordando el acento de “mi amor”, William ya no soportaba más la ira por lo leído en el celular y entonces empieza a hacerme reclamos a los cuales contesté irónicamente. La rabia empezó a apoderarse de él, progresivamente sus insultos se convirtieron en golpes en la cara, sus manos bajaron de mis mejillas a mi cuello presionando e impidiendo la respiración. Conteste agarrándolo fuertemente del cabello y estrellándolo contra unos recipientes de vidrio que se encontraban sobre un banco junto a mi cama, allí cayó al piso. Se paró rápidamente, agarro las ortigas y me azoto repetidas veces con aquella planta al tiempo que me preguntaba si aún lo amaba, a lo que yo respondía – no – entonces el siguió azotándome esta vez con un cinturón, me golpeó la espalda tan fuerte que no pude gritar, no recuerdo haber sentido alguna vez un dolor comparable con aquel. Aun así creí que esta vez era mi turno de terminar con ese circo. Me levante de la cama y trate de agarrar el cinturón con las manos mientras lo lanzaba hacia mí. Por la fuerza con que lo lanzo no pude detenerlo totalmente y el cinturón se enredó con esa misma velocidad en mi rostro golpeando duramente mi ojo derecho. Pensé que había perdido esa batalla por lo que me acosté en la cama a llorar. Él se acostó a un lado y me pidió perdón por lo sucedido culpándome de sus salidas de quicio, supuse ceder esta vez esperando una oportunidad para acabarlo todo.

Al día siguiente William se despertó temprano, registro todo mi cuarto buscando rastros de algún hombre, escondió mis documentos en su bolso y me despertaba cada media hora para que viera su cara de enojo. Finalmente desperté, me pidió que llamara a la persona con quien estaba empezando a salir para mandarlo a la mierda, a lo que me negué rotundamente. Empezaron así otra vez los insultos, seguidos de manos largas y ahorcadas. Llena de ira me pare de la cama y le hable fuerte exigiendo que se retirara inmediatamente de mi cuarto, él agarro en ese momento un cuchillo y lo puso sobre mi cara, exigiéndome nuevamente que llamara a “mi amor”, a lo que me negué apenas pudiendo hablar. Empezó a bajar pues el cuchillo y lo presiono fuertemente sobre mi útero, sabía lo del cáncer y sabía también que así no me negaría. Llame en el acto a esa persona y le pedí que no me llamara más, enseguida William bajo la guardia y comenzó a llorar pidiendo razones de mi supuesta infidelidad. Supe desde que agarro el cuchillo, que debía pensar con frialdad cada movimiento a efectuar si es que quería salir viva de ese lugar.

De repente ese hombre se abalanzó hacia mí poniendo sobre mi útero el cuchillo y apuntándolo hacia él, se lanzó repetidas veces sobre mi cuerpo intentando suicidarse encima de mí, queriendo dejarme la culpa de su muerte. Lo engañe diciendo que lo amaba, como un niño se creyó el cuento de que seriamos felices de nuevo. Soltó el cuchillo y me abrazó, le dije que me casaría con él, que seriamos felices y que olvidaríamos todo lo sucedido. Allí bajo la guardia, hablamos entonces de otras cosas y me empezó a besar. Creo que hubiera preferido comer mi propio excremento, pero si no tenía sexo con él, el cuchillo volvería a sus manos. Así pasaron dos días, actuando cada segundo como una obra de teatro, haciéndole creer a aquel loco que lo amaba. Constantemente mandaba mensajes a “mi amor” diciendo que nos veríamos pronto, que al otro día escaparía hacia el aeropuerto y tomaría un avión lejos de esa ciudad, lejos de ese país. Sabía que William me seguiría al fin del mundo hasta encontrarme.

El día tan esperado llegó. Esa mañana desperté con un dolor muy fuerte en el ojo producto del golpe con aquel cinturón, me puse un parche improvisado en el ojo. Realizaba cada movimiento minuciosamente esperando no ser descubierta, así guarde en mi mochila algunas joyas de valor y el documento que él me había robado para evitar mi escape.

Estuve debajo de la ducha por una hora pensando en todo y a la vez en nada. La sensación de adrenalina que corría por mi cuerpo aquel día era indescriptible, cualquier paso en falso era una muerte inminente. Salí del baño y me coloque la ropa más importante, era pues un vestido negro tradicional de la india bordado a mano que mi hermana había traído en uno de sus viajes. Lista para la huida espere el momento exacto en que William me dejaría sola confiando en que mi amor incondicional por él le perdonaría todas sus faltas. Salimos entones al supermercado por una cerveza, pero cuando llegamos nos dimos cuenta que se había quedado el dinero en la casa, él se ofreció inmediatamente a buscarlo. Cuando cruzó la acera a dos cuadras, corrí a toda velocidad hacia en sentido contrario. Las rodillas me temblaban, apenas podía sentir mi pulso, sudaba frio y lagrimeaba. Corrí diez cuadras hasta llegar a un lugar “seguro” entonces seguí caminando rápido, debía llegar al aeropuerto internacional. Mientras huía me repetía todo el tiempo la frase “me encontraran muerta pero libre”. Así a medio respirar llegue al aeropuerto internacional “El Dorado”, le hable a quién sería mi compañero pidiéndole que comprara un boleto de avión a mi nombre. La transacción tuvo problemas, entre en pánico, solo tenía diez dólares en mi bolsillo y un asesino buscándome por toda la ciudad. No podía regresar a casa de mis padres en Cartagena pues ellos debían estar protegidos y alejados de todo esto. William conocía mis amigos en Bogotá y a quiénes yo acudiría en busca de ayuda, debía hacer todo lo que Wendy Colpas no haría. Pasé tres noches en ese aeropuerto, con el mismo atuendo musulmán y a medio comer, la policía rondaba cada dos horas cerca de mi silla requisando mi bolso y pregúntame de donde venía y para donde iba. Después de dos noches y tres días conseguí por fin realizar la transacción y salir de esa ciudad.

Mientras cruzaba la franja de seguridad hacia el avión, sentí en mi cuerpo la sensación entera de ser una persona libre y segura. Mi experiencia con la muerte no fue algo paranormal como una caminata hacia el túnel, mi experiencia con la muerte fue la de sentir muerta mi libertad.


MUERTA PERO LIBRE III.Autorretrato de un femicidio progresivo

MUERTA PERO LIBRE
AUTORETRATO DE UN FEMICIDIO PROGRESIVO

Parte III


Luego de vivir con William un mes en la selva nos mudamos a Bogotá, allí vivimos cuatro meses aproximadamente. Una noche en la casa de una amiga en San Luis, donde solíamos reunirnos a tocar música, cocinar pizza y ver películas de cine arte; cada uno empezó a contar sus secretos sexuales. Yo confesé que una vez tuve una experiencia sexual con una mujer, mi amiga confesó que era bisexual y él confeso que le gustaban los penes, que hacía varios años mantuvo relaciones con varios hombres. Contó que ambos tenían sus parejas mujeres pero les gustaba reunirse a solas y tener aventuras sexuales.


Unos días antes de la última pelea me pidió que le introdujera mi dedo índice por el ano con un poco de sábila para lubricar. A mí en particular me excitó el hecho de romperle el orto y supongo que a él le excitó mucho más. No era el primer hombre que me lo pedía, por lo que supongo que a todo hombre le podría excitar, solo hace falta una predisposición. También recuerdo ver una especie de deseo en su mirada cuando veía fijamente a algunos hombres, debo confesar que de alguna forma extraña eso me excitaba a mí también. Por estas y otras razones concluyo que mi agresor era machista y bisexual, una situación bastante compleja. Aun así nunca me alarme por sus comportamientos sexuales, nunca tuve prejuicios hacia quienes afloran sus preferencias, por el contrario juzgo a quienes ocultan sus demonios. Uno de los míos y el que más tengo presente es al que le gusta que lo violenten en el sexo, por eso aguante sus insultos porque tenía un pene enorme con el que me podía azotar, aún la recuerdo.

MUERTA PERO LIBRE II. Autorretrato de un femicidio progresivo.

MUERTA PERO LIBRE
AUTORETRATO DE UN FEMICIDIO PROGRESIVO

Parte II


Agradezco a mi padre y a mi madre por darme consejos que nunca tomé. Atribuyo a ellos algunos de mis errores y casi todos los triunfos, al igual que algunos de mis defectos y casi todas mis virtudes, más por encima de todo les debo mis “distorsiones sexuales”. Conocí a mi padre cuando tenía casi 1 año, cuando lo vi por primera vez fui tan feliz que no pude llorar, reprimir esa fuerte emoción quebró toda posibilidad futura del verdadero sentir, hasta el día de hoy aun sufro de asentimentalismos y quizá esa autorepresion fue la causante de este caso.

Vale la pena apartar de todo este lio a mi abnegada madre, hermosa, fuerte y valiente. Valiente para soportar tanta violencia de parte de mi padre, ella fue la encargada de endurecer la coraza con la que di frente y seguiré soportando los golpes de esta plena pero pesada vida. ¿Cómo no amarla? ¿Cómo no llamarla? ¿Cómo no gritar mamá? ¿Cómo no gritar mama suplicando su amparo?

Grite - ¡mamá! – cayendo a la arena, cuando me jaló fuertemente de los brazos y me empujó por la espalda. Grite - ¡mamá! – mientras comía tierra, arrastrada por él. Grite - ¡mamá! - una noche arrodillada en una playa desierta temblando de frio. Grite ¡mamá! – mientras danzaba alrededor de mi cuerpo desnudo tocando la gaita (flauta indígena) cual espíritu burlesco. Grite - ¡mamá! – cuando me tocó sentarme encima de su cuerpo acostado y en un llanto visceral introducir su pene en mi vagina. Tanto era el llanto y los gritos que no soportó más y esta vez me penetro posando yo cual perra. Cuando eyaculó dentro de mi paró. Seguía el llanto. Estuve media hora mirando el fuego con la mente en blanco, sin poder moverme, sin poder cerrar los ojos, sin poder responder a sus preguntas sobre si me había gustado. Luego se acercó un hombre moreno de unos 40 años diciendo que había escuchado gritos. Cuando lo vi grité auxilio, pero en silencio, no podía moverme, estaba en shock. Hace dos horas me había violado un hombre y mi única defensa fue gritar ¡mamá!

Esa noche después de mi primera violación, camine de su hombro hasta la aldea de la tribu indígena Kogui donde nos alojábamos. En el camino él constantemente golpeaba mi cara obligándome a hablar, pero yo inconscientemente, no podía pronunciar ni una sola palabra. Al llegar a la carpa en la que acampábamos, para vengarme le confesé que el marido de su hermana me parecía sexy cuando cabalgaba por la selva y que me iría sola al día siguiente. Eso lo altero fuertemente y amenazó con “quemar el rancho”, por lo que una vez más tuve que ceder. Sabía que estando allí, estaba más segura.


Días después continuaron sus golpes montaña arriba. Cuando los indígenas se enteraron de lo que pasaba lo echaron de la aldea, me brindaron una hamaca dentro de su casa y me ofrecieron comida y dinero para volver con mis padres. Él se sintió claramente ofendido, pues su familia adoptiva no defendió su hombría y ademas dejó entrar una civilizada a la tribu. 

viernes, 20 de octubre de 2017

A mi madre

A mi madre
Publicación para la revista feminista REVIRADA. Brasil 
de Wendy Colpas
Hola mamá, espero que estén todos bien en la casa, saludos a Fredy y mis hermanas, a ti date por favor un besito y un abrazo de mi parte como esos que siempre te daba al volver a casa, temiendo que algún día no pudiera dártelo y así fue. Aun puedo oler tu aroma a ama de casa sin bañar, ese perfume que me da tanta calma, ese recuerdo me liberan del insomnio a diario. En estos 15 meses pasados desde que me fui de tu casa, son contadas las noches que dormí con plenitud. La he pasado difícil tú lo sabes, aunque lo dudas por mi risa cada vez que te llamo. Es la risa que herede de ti, la que sobrepasa la realidad.
Te escribo esta carta para aclarar los sucesos que se dieron desde aquel noviembre. Madre, te oculte esta verdad por la simple razón de que te amo, pero hoy sentí que ya no me amas y creo que es por el desconocimiento de mi dolor.
Todo comenzó en octubre de 2015 cuando un día de casualidad reviso el calendario menstrual y encuentro que ya habían pasado veinte días de retraso, inmediatamente le mando un mensaje al chico con el que salía pero con el que no quería tener nada serio. El mensaje contenía el siguiente texto: “Hola, Carlos, me acabo de dar cuenta que tengo 20 días de retraso, pero no creo que sea tuyo.”
Yo estaba completamente segura de que el embarazo era de él, pero Carlos es un chico cualquiera, sin trabajo, sin dinero y sin un apellido; todo lo contrario a lo que tu desearías para el papá de tu nieto. Por eso de entrada le mentí, además lo culpé de algo que sabía no le atribuía, lo culpé de haberme infectado de papiloma humano. Llamo inmediatamente a Antonio, el doctor. Él si sería un buen yerno. Cuando le digo que estaba embarazada me da la noticia que derrumbaría mi vida: tenía que abortar. Hacia unos meses antes, a Antonio le habían brotado unas verrugas en el pene y me lanzó la culpa, pero él también tenía sexo con otras mujeres, así que sobre quien infecto a quien, es imposible determinarlo. De igual forma tenía que abortar, era profundamente peligroso tener un bebe en esas condiciones. En aquel momento aún no me había brotado ninguna verruga, pero si Antonio lo tenía, seguramente yo también. Obviamente, me negué rotundamente al aborto, pero, pasados los días, la panza se fue haciendo cada vez más grande y las verrugas empezaron a dispersarse por mi vagina, entonces procedí a abortar.
El primer intento de aborto ilegal con pastillas fracasó. Tuve que internarme en el hospital y el bebe seguía vivo. Pude ver a esa hermosa criatura palpitar dentro de mí, fue lo más bello y doloroso que he visto. Fue doloroso porque sabía que tan grande belleza debía morir.
Madre, ¿dime por qué me ha tocado una vida así? Sabes que no fue el primer aborto que padecí. Tú más que nadie conoces mi deseo de ser madre y sobre todo ser feliz. A veces veo las mujeres embarazadas o con sus hijos en brazos y pienso: ¿seré tan mierda mujer que no merezco ser madre? quien haya decidido no ser madre está en todo su derecho, pero de igual forma estoy en todo mi derecho de ser madre ¿Por qué he fracasado tres veces? Tres malditas veces he abortado. Solo tengo 23 años, no merezco el peso de esta sociedad. A veces pienso que tú y mi padre hicieron mal al educarme tan libre, hicieron de mi un libro abierto en el que cualquiera puede escribir, lástima que hoy en día los pensamientos de la gente en general son un tanto belicosos. O quizá lo que estuvo mal fue no tener las armas para defenderme de este monstruo de sistema social, pero acaso ¿existe alguien que las tenga? Como yo seguramente existirán miles de mujeres que su libertad la convirtieron en su propia cárcel.
Pasados quince días, procedí a seguir con el aborto. El primer día pensé que había expulsado aquella vida junto con varios litros de sangre derramada en el inodoro. Pasados los días tenía cada tanto un cólico fortísimo, pero pensé que era parte del post–aborto. Luego de diez días empecé a tener contracciones muy fuertes en casa, sola, sin nadie a quien acudir y tragándome los gritos de dolor como quien va a parir. Decidí ir al hospital, pero antes de tomar el transporte tropecé en un hueco en la calle, por el impacto sentí que expulse la mitad de mi cuerpo por mi vagina, el feto había salido y se encontraba flotando en mi pantalón.

Demoraron unos 40 minutos en atenderme. En ese tiempo entré al baño del hospital y revisé mi ropa interior. Era una masa carnosa de unos 15 centímetros, contenido dentro de una bolsa de tejido endodérmico, flotando en un líquido amarillento. Lo veo, me tapo la boca, grito y me tiro a llorar al suelo de aquel baño público. Lloré unos 20 minutos hasta que pude alzar la cabeza. Con un pedazo de papel agarro esa parte de mi cuerpo que ahora era externa y la coloco dentro del tacho de basura para material orgánico. Quise llevarlo a casa, ponerlo en el mar, enterrarlo en patio de la casa de mi abuelo. Pero si lo llevaba conmigo podrían enterarse que reposaba un feto en el congelador de la cocina. Así que ahí lo dejé junto al papel higiénico sucio de mierda.
Mamá, tenía principio de cáncer y recién había padecido un aborto traumático, necesitas otra razón de porqué me harte de la vida en aquella ciudad. No era la ciudad en si lo que me abdujo, era la vida que yo había creado en ella, una vida vacía sin un sentido estable, rodeada de cosas que para cualquiera hubieran sido en sueño. No podía quedarme sentada viendo como mi vida se destruía poco a poco frente a mis ojos.
Madre, no te escribiría esta carta si no estuviera totalmente segura que ya no padezco cáncer. He logrado curarme gracias a la valentía de buscarme en mi propio viaje. Ya sé que me has abandonado económicamente porque crees que yo los abandoné sentimentalmente y que aquella frase que me dijiste hace 7 años cuando discutíamos: “olvídate de que tienes una madre” aunque te hayas arrepentido ya, es cierta en el fondo de tu corazón. Te has olvidado de que tienes una hija y has reflejado esos sentimientos en mí, cuando yo lo único que he querido es proteger tu tranquilidad.
Te amo mami, perdóname por amarte así.
Atentamente tu hija la segunda.